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Educar con límites en casa





A medida que nuestros hijos crecen se dan cuenta que los deseos que creían posibles de pequeños no siempre lo son, e incluso son irrealizables. 

Se darán cuenta que los padres no podrán estar permanentemente con ellos y que  tampoco podrán tener todos los juguetes que anuncian por la tele o que se les antoje. Siempre deben existir unos límites. 

Los padres son los primeros que tienen que empezar a marcar límites, parecidos a las normas, que sean sencillos y que se entiendan bien. El cuerpo, la edad, las capacidades de cada uno, los horarios... son límites. Conocernos a nosotros mismos y saber lo que somos capaces de lograr, nos dará seguridad. 

Al nacer, las caricias, la ropa que le cubre, las palabras cuando se acerca la hora de comer, la presencia o ausencia de la madre o padre, serán lo que le irá señalando los primeros límites. 

La palabra NO es imprescindible desde el primer momento. Tanto para evitar que haga cosas inapropiadas, como para enseñarle otras opciones.

Poner límites nos permite acceder al mundo de las relaciones con los demás.

En casa es importante enseñar lo que se espera que hagan los niños. Que conozca dónde SI se puede jugar y con quién. Puede ser útil marcar límites temporales ("puedes ver la tele después de comer") y límites territoriales ("en el sofá no se come. Si quieres comer hazlo en la mesa o en la cocina"). 

Aunque es bueno dejar un margen para que experimenten, también debemos ser firmes y consecuentes en los límites y en las normas. Si establecemos una norma coherente en casa, es para cumplirla.

Los límites personales de los padres se muestran en las relaciones con sus hijos. Los niños son muy sensibles y perceptivos. Se dan cuenta rápidamente de quién aguanta más y hasta dónde pueden llegar con cada uno de sus padres. Por ello, siempre ponen a prueba los límites personales del adulto.

Parece difícil de hacer pero fácil de decir, pero debemos intentar no llegar a nuestro punto límite, ya que es ahí donde se pierde la paciencia, reaccionamos negativamente y resulta difícil retroceder. 



Algunas pautas que te pueden ayudar

1. Establece normas concretas: utiliza cubiertos para comer, escucha cuando te hablamos, habla bien!. 

2. Ofrece 2 opciones para conseguir lo que tú quieres dándole un poquito de poder de decisión: ¿te quieres duchar o te quieres bañar? , ¿ quieres verdura para cenar, o lo que yo quiera? 

3. Usa un tono de voz serio, firme, sin gritos y con total seguridad: "quiero los juguetes recogidos antes de la cena", "vete a tu habitación", "No saltes sobre el sofá"

4. Intenta que entienda el porqué de esa norma y las repercusiones que su incumplimiento pueda tener ( y no me refiero a amenazas) : "siéntate bien en la silla, porque te puedes hacer daño si te caes" 

5. Constancia. Asegúrate que cumple la norma. Haz seguimiento de lo que has pedido. NO cedas a sus intentos de negociar, de hacerte la pelota o de rozar tus límites personales. El incumplimiento conlleva una repercusión. 

6. Controla tu ira y tu enfado. Los gritos y arrebatos no te darán mejores resultados. Coge aire antes de enfrentarte a la situación. Intenta conectar con tu calma. Piensa antes de actuar. 

7. A veces, se tiene que repetir varias veces la norma para que se crean que lo estás diciendo en serio. No te rindas.

8. Detesto la frase " el niño es malo " por algo que ha hecho mal. Enséñale a hacerlo bien. Será más productivo a largo plazo. 

9. Intenta que tus normas sean consensuadas con tu pareja o con las personas con las que compartes la función educativa (abuelos, tíos, cuidadores,..) 

Cuando el niño salga de su casa y de su entorno conocido, aparecerán nuevas normas; y entonces, si el niño o la niña no han vivido esas situaciones en casa, les resultará muy difícil adaptarse a lo que la sociedad le pide. 

Definiríamos límite como la zona o barrera que separa lo que está permitido de lo que no lo está. Lo bueno de lo malo. Lo tolerable de lo intolerable, ... algunos límites los descubrimos en nuestro día a día, y muchos otros, nos vienen impuestos. 

El respeto a los límites conlleva premios y su transgresión castigos. En cualquier caso, debe quedar claro que lo que se pretende es el correcto desarrollo del niño y su felicidad. 

 
"Cómo educar con firmeza y cariño " (Nelsen) es una guía clásica para ayudar a los niños a tener autodisciplina, ser responsables, colaborar y saber resolver sus problemas de una forma firme, cariñosa y con respeto mútuo. Desde hace 25 años ésta ha sido la obra fundamental de referencia para los adultos que trabajan con niños. Ahora, Jone Nelsen, eminente psicóloga, educadora y madre de 7 hijos, ha escrito una edición revisada y ampliada. La clave de la disciplina positiva no es el castigo, nos dice, sino el respeto mútuo.