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Ser emocionalmente inteligente


"Diez semanas para lograr una familia ideal", "7 tips para que tus hijos sean divinos", "cómo ser una súper madre genial",... Todos estos títulos tienen muy buena pinta cuanto te los presentan así y te chifla leerlos, y más cuando son expertos los que hablan de ello. 
Pero después, lo intentas poner en práctica y, te das cuenta que no todo es tan fácil como te han descrito que sería. 

Parece que hagas algo mal, pero después de lo que te voy a explicar, te darás cuenta que tus esfuerzos, tarde o temprano, darán sus frutos. 

La educación requiere pasar por muchas etapas, muchos momentos gratificantes, otros un tanto desafiantes y que ponen al límite tus capacidades. Así que paciencia. 


La suma de todo cuanto hacemos en el día a día, desde que nacen nuestros hijos y en cada etapa de su desarrollo, va a determinar la existencia de un equilibrio en nuestras relaciones con ellos. Si te esfuerzas para lograr ese equilibrio, lo tendrás más fácil para trabajar todos los consejos que los profesionales puedan facilitarte. 

En cada proceso será muy importante tener el cuenta: 

1. Los sentimientos
2. Las emociones controladas (Ira, rabia,..)
3. Reducir los actos impulsivos y primitivos fruto de las emociones incontroladas.

El que un niño viva con tensión en su propia casa facilita que pierda el control de sus emociones, tanto en su propia casa como en el colegio, en las actividades extraescolares, con sus amigos y, después al entrar en la etapa adulta, en el trabajo. Así que ante todo, vamos a trabajar las 
emociones que le den aptitudes para crecer en un entorno positivo, educativo y rico en oportunidades. Es decir, emocionalmente inteligente. 

Teniendo claro que las emociones, los pensamientos y las acciones están vinculadas, debemos buscar estrategias que nos ayuden a forjar la educación que queremos conseguir en nuestros hijos y lograr mejoras en nuestro hogar. 

Me parecen fabulosos todos los esfuerzos que, como padres y madres, hacemos para criar a nuestros hijos, así que teniendo claros los principios y los objetivos que nos proponemos para conseguirlo, no podemos tirar la toalla y, si alguna estrategia no nos funciona, debemos intentar cosas nuevas y hacer que funcionen para cada uno de nosotros.

Dedicando esfuerzo y constancia a la educación de nuestros hijos, conseguiremos transformar nuestros hogares. 

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