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No hables así !

Los niños son como enormes esponjas que absorben e interpretan a su manera todo lo que ven y todo lo que escuchan, buscando imitar el comportamiento de aquellas personas que más admiran: padres, hermanos, primos, amigos,... y es tal su interés por imitarlos que lo copian todo, incluso las palabras malsonantes. 

Según sea tu respuesta ante alguna de las exclamaciones malsonantes que él diga, le estarás dando pistas sobre el poder que tienen esas palabras y las reacciones que producen en los demás (enfado, risa,...). 

Lo padres nos preocupamos mucho, por lo que puedan pensar otras personas, al oír a nuestros hijos expresarse con esas palabras, ya que nuestra capacidad como educadores pasa a ser cuestionada. Debido a esa preocupación, muchos padres reaccionan con enfado o violencia. 

Es evidente que son etapas del desarrollo de nuestros hijos, que pasarán y que evolucionarán en función del tipo de atención, interés y preocupación que muestres hacia esa situación. 

Si te molesta mucho que tu hijo o hija hable así, te daré algunas pautas que pueden ayudarte a conseguirlo: 



A los peques les parece divertido utilizar palabras para hacer reír a las personas que en ese momento les rodean con el objetivo de llamar su atención. 

Si nadie reacciona, se cansan de utilizarlas, porque se dan cuenta que no consiguen su objetivo. 

Por otro lado, no olvidemos que los niños pueden utilizar las palabrotas como una forma de liberar tensión o de llamar la atención; en algunos casos estas expresiones malsonantes pueden aumentar ante la llegada de un nuevo hermanito o ante cualquier cambio vital que se produzca (separación, muerte,..).

Cuando un niño se enfada con sus padres suele gritar expresiones que no agradan a nadie. Y no importa el lugar ni las personas que estén allí. 

Por ejemplo, en medio del supermercado porque no le quieres comprar un kinder, expresiones como "¡eres un tonto, ya no te quiero!" 

O, cuando quieres que recoja los juguetes y se enfada puede soltar un "¡ Quiero más a la abuela que a ti!"

Cuanto más pequeño es tu hijo, más le cuesta expresar lo que siente con palabras. 

A algunos padres les parece normal que sus hijos se expresen de esa manera porque saben que es resultado de alguna advertencia que han hecho a sus hijos. 

Otros, sin embargo, se toman la frase al pie de la letra, como si la dijera una persona adulta, lo que les llena de tristeza y preocupación. 



Los padres podemos no tomar en serio esas frases ni considerar la fuerza de sus palabras cuando nuestros hijos son pequeñitos, pero a partir de cierta edad (5 añitos en adelante) estas frases nos parecen más amenazadoras cuando lo que queremos es que nuestros hijos nos quieran y no estén enfadados con nosotros.

Nuestra función es ayudar a nuestros hijos a exteriorizar su rabia de alguna manera; porque si no puede hacerlo de esta forma y no le ayudamos a encontrar otros mecanismos, utilizará otras técnicas más destructivas como morder, pegar,...o con un cambio de actitud más provocativo y, aparentemente desafiante: volverse más lento si le han pedido que dejara lo que hace, hacer tonterías, hacer ver que no oye a los padres, remugar con palabras malsonantes,...etc

Si te molesta que tu hijo de cinco años te diga "¡Mamá eres tonta y mala!" aprovecha la gran capacidad que tiene tu hijo para imitar a los demás para enseñarle a mostrar su rabia y explicarla: " ya sé que me dices eso porque estás enfadado conmigo, porque te he obligado a bañarte". Si oye interpretar su rabia de esa manera, también aprenderá a reflexionar.  

Los miedos infantiles

El miedo es una emoción que aparece con el propósito de preservar el desarrollo infantil, es necesario para la supervivencia. 
Los miedos infantiles pueden ser interpretados como una manera de reaccionar ante lo nuevo y lo desconocido por lo que tienen una función de adaptación, que permite tomar algunas precauciones frente a la realidad.. Por ejemplo, procuran que el niño no se vaya con un desconocido, que tema animales peligrosos o la prudencia de no alejarse o ir por lugares oscuros. 

Los miedos son evolutivos y normales a cierta edad. Por ejemplo, para los más pequeños, el conocimiento del mundo está acompañado por el miedo a alejarse de los padres y de las cosas conocidas. Y, a medida que crece y madura, el objeto del miedo también cambiará o desaparecerá. 

¿Qué miedos puede desarrollar un niño?  

Miedo a la separación: Cuando el bebé pierde de vista a la madre o al padre, tiene miedo de no verles más. Jugar a esconderse y reaparecer inmediatamente es una técnica que utilizamos para gestionar esa emoción. Y, al empezar el colegio, tienen miedo de separarse de sus padres porque quieren estar con ellos; dejarles algún objeto de los padres durante el proceso de adaptación a la guardería les da mayor seguridad. 

Miedo a la oscuridad: La oscuridad aleja y no permite ver las cosas familiares. Las fantasías ganan terreno a la realidad y las angustias toman forma de fantasmas, monstruos... Facilitar una luz suave que le permita ver su alrededor, atenúa ese miedo. 

Durante el sueño se pueden presentar dos tipos de reacciones:

Las pesadillas son un indicador de ansiedad. Cuando se acompañan con síntomas de gritos y desesperación se recomienda acudir y dar soporte emocional. 

Los terrores nocturnos son mucho más escasos que las pesadillas. Se caracterizan por el llanto y los gritos. Cuando se acerca al niño, éste no está despierto ni dormido, sino como sumido en un delirio. 

Es necesario consultar con un especialista cuando estos miedos son excesivamente persistentes con la edad (por ejemplo, si a los cinco años todavía tiene miedo a los desconocidos). Y si el miedo es tan fuerte que perturba la vida cotidiana del niño. 

Cuando el niño sufre repetidas pesadillas o se resiste frecuentemente a ir a la cama, conviene consultar con el especialista para averiguar las posibles causas. 

Origen de los miedos

Un origen de los miedos podría venir determinado por el patrón familiar. Es decir, a padres miedosos, hijos con miedos.
 
Otro mecanismo para adquirir miedos es la información negativa, por ejemplo, decir al niño que si no se porta bien, vendrá el hombre del saco. Todos sabemos que el hombre del saco no existe, pero hay madres y padres que lo utilizan para generar el miedo y la ansiedad que bloqueen sus actos. 

Las experiencias vividas de forma negativa, pueden generar miedos. Un accidente de tráfico, una pneumonía importante que le ha impedido respirar, sensación de ahogo en la piscina,... presenciar malos tratos, peleas y situaciones que provoquen impactos emocionales. 

También se desaconseja, que si no tiene la edad suficiente para separar la realidad de la ficción, permitir que vean películas de terror o con contenido violento. 

Recuerda que si bien el miedo constituye en muchas ocasiones una angustia inútil, en otras forma parte del desarrollo moral y del aprendizaje, ya que alerta ante algo que no está bien o ante un peligro físico. 



Juega y educa

Nos resulta complicado imaginar que alguien le pida a un niño, que empieza a caminar, que se ponga a trabajar o que cumpla con sus obligaciones. 
Sin embargo, es cierto que, desde bien pequeños, fomentamos que jueguen con elementos que simulen el mundo de los oficios (cocinitas, mesas de construcción, taller mecánico, ...)

Cuando juega, el niño inventa, representa y reproduce el mundo que le rodea. El juego es una actividad importante y necesaria que abre la puerta a las futuras obligaciones. Así pues, juega porque es divertido y porque a la vez está aprendiendo a superar dificultades. 

Si un niño a los 7 años juega a planchar la ropa a sus muñecos, pronto podrá cuidar de la suya propia sin apenas sensación de que se trata de una tarea pesada. Por eso, es importante que los niños participen en casa desde la primera infancia, para que poco a poco aprendan a realizar actividades más complejas. Si más no, la colaboración del niño en el hogar permite una buena adaptación al entorno y una buena organización tanto física, como mental y emocional. 

Cuando salta a la pata coja, cuando se mete en una caja y la convierte en su casa, cuando con un trozo de ropa se crea su propio disfraz, el niño está jugando. El juego es una actividad que ayuda a dar respuesta a los deseos, ilusiones y necesidades. Es una representación de su vida interna y externa. 
Los padres, educadores y profesores, utilizan el juego como herramienta para guiar, enseñar y ayudar a superar las diferentes situaciones con las que se va a encontrar el niño o la niña en su proceso de crecimiento. 

Recoger sus juguetes acompañados de una canción, ayudar a poner los platos en la mesa mientras su hermano pone los vasos, colaborar con el cuidado de la mascota de la casa dejarán de ser juegos para pasar a ser tareas y deberes. 

Es necesario enseñar, aunque de manera paulatina, que no todo es un juego, ni que siempre se está jugando. Saber cuando termina el juego y cuando empieza el momento de cumplir con una obligación (ponerse a dormir, hacer los deberes,...) 
El paso del juego al trabajo requiere exigencias y expectativas claras por parte del adulto. El niño debe saber lo que se le pide y lo que se espera de él, siempre de acuerdo con su nivel de desarrollo y con sus experiencias. 
Los padres en el ámbito del hogar, los maestros en la escuela y los educadores sociales en sus ámbitos de intervención (escuela, comunidad, entorno social) van a ser los transmisores de las normas sociales. 
Si los padres viven su trabajo como molesto y fastidioso, será difícil que puedan transmitir valores positivos a sus hijos sobre las obligaciones. El aprendizaje escolar será menos costoso si los profesores pueden contagiar a los niños las ganas de aprender, el placer de saber y de realizar las tareas solicitadas. Y, los educadores sociales deberán transmitir valores positivos.  
Es importante que padres, maestros y educadores sociales afronten sus deberes con paciencia, firmeza y agrado, ya que los niños copiarán esas actitudes. 

El dilema de elegir colegio


Estamos en época de pre-inscripción escolar. Los padres y madres, cuyos hijos empiezan parvulario o guardería en septiembre, deben tomar la gran decisión de elegir aquél colegio que mejor se adapte a sus demandas y necesidades: proximidad, un buen proyecto educativo, docentes de referencia, una infraestructura idealizada, extra-escolares que ofrece, servicios complementarios como comedor y acogida, ... Muchos han podido visitarlos durante las jornadas de puertas abiertas en el mes de marzo, otras no han podido y se dejarán llevar por referencias de otros padres y madres. 

A ésta situación hay que añadirle que, en muchos casos, el inicio del cole representará la primera separación entre el niño y su entorno familiar. Así que, será muy importante prepararse emocionalmente. 

La separación provoca nervios, ansiedad, tanto a los padres como a los niños. A ésta ansiedad suma la angustia causada por una situación nueva y desconocida, sobretodo para los padres y madres primerizos. Por lo que la correcta elección del colegio será muy importante para sentirte un poco mejor. 

En el cole, el niño va a tener que utilizar sus propios recursos, todo lo aprendido en casa hasta ese momento. Descubrirá un nuevo espacio, un nuevo elemento del que será su sistema, en el que deberá compartir la atención del profesor o la profesora con otros niños. Tendrá que pedir por sí mismo, competir con sus compañeros, ... Así es! entrará a formar parte del mundo de las obligaciones. 

Septiembre marca el momento de iniciar éstas separaciones temporales, llenas de llantos y gritos de ansiedad porque papá y mamá se van y le dejan solo con tantos niños, tanto ruido, tanto ambiente desconocido,... Es curioso, pero es sorprendente lo poquito que dura ese llanto en cuanto papá y mamá se van y abren los ojos a una clase llena de colores, dibujos, música y juguetes, muchos juguetes !!

Es importante, muy importante, entender que ir al cole no es un castigo, sino algo positivo, necesario para el desarrollo del niño y muy enriquecedor para todos. Se inicia una etapa en la que se fijarán y reforzarán las primeras pautas de comportamiento social. El niño empieza a relacionarse con otros niños de su edad y con figuras de autoridad que no son las que está acostumbrado a ver en su entorno familiar. 
 
Te sorprenderá día a día con los aprendizajes que vaya adquiriendo, te tarareará (a su manera) las canciones que irán trabajando en el aula y morirás de amor al verle actuar en su primer festival de Navidad. 

Motivado por un montón de actividades nuevas (dibujo, manualidades, experimentos,..) el niño aprende a representar sus experiencias de manera creativa y a establecer relaciones entre los objetos.

Iniciará un proceso de experimentación desde todas las dimensiones de su vida, ya sea jugando, ya sea compartiendo espacio, ya sea adquiriendo conocimientos,...
Su única preocupación va a ser poder explorar con sus manos, pintar, amasar, oler, toquetear los alimentos, bailar, correr,....  

Si hablamos de proyectos educativos dentro de la escuela te recomiendo que pongas atención en aquellos que trabajen sobre los aspectos que para ti son importantes. Conocer los métodos que utilizan para llevar a cabo los aprendizajes, tanto académicos como de desarrollo personal.


Es importante conocer :

Si tienen en cuenta la individualidad de los niños/as y las características de cada grupo para determinar cuáles serán las actividades de aprendizaje, y los procedimientos necesarios en cada caso. 

¿Qué técnicas utilizan? : experimentación, manipulación, descubrimiento. ¿Son los niños los protagonistas de sus aprendizajes? 

Si trabajan sobre emociones, desarrollo de autonomía, cobertura de necesidades básicas,...

Qué criterios de evaluación utilizan, si son únicamente tendrán en cuenta los aprendizajes adquiridos o también el esfuerzo, hábitos y actitudes para cada momento del curso escolar. 

Los talleres, las actividades diarias y las unidades didácticas que van a trabajar durante el curso, y si son adecuadas a la edad y capacidades de los niños y niñas. 

Si se da importancia al entorno, a la naturaleza. Si se realizan salidas y actividades fuera de la escuela. 

Si el ambiente de las aulas transmiten seguridad, si tiene estímulos visuales, ... cómo se organizan las aulas, número de niños por aula. Observa los espacios, el material,..

También seria bueno conocer a algún profesor que trabaje en esa escuela, para que te explique y tengas una idea más clara de cómo trabajan en ese colegio. Así como los medios que utiliza la escuela para comunicarse con los padres, madres y tutores. 

Muchos colegios realizan periodos de adaptación con los niños y niñas que empiezan P3, por lo que organízate para adaptarte al horario que ellos te pongan. Puede que tenga que ir solo una hora durante tres días seguidos y después ya empezar horario normal. 

Servicios complementarios que te pueden ofrecer como acogida, comedor, y quien lo gestiona, si la propia AMPA o alguna empresa especializada. En caso de ser una empresa especializada, averigua cuál es su Plan educativo, cómo trabajan y si existen referencias de ellos. 

Espero que te sirva un poco de orientación si todavía no tienes claro el colegio que elegir para tus hijos. Ten presente que no existe un colegio ideal, existe el colegio que se ajuste lo mejor posible al tipo de educación que quieras dar a tus hijos. Así que, mucha suerte en tu elección !!