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Juega y educa

Nos resulta complicado imaginar que alguien le pida a un niño, que empieza a caminar, que se ponga a trabajar o que cumpla con sus obligaciones. 
Sin embargo, es cierto que, desde bien pequeños, fomentamos que jueguen con elementos que simulen el mundo de los oficios (cocinitas, mesas de construcción, taller mecánico, ...)

Cuando juega, el niño inventa, representa y reproduce el mundo que le rodea. El juego es una actividad importante y necesaria que abre la puerta a las futuras obligaciones. Así pues, juega porque es divertido y porque a la vez está aprendiendo a superar dificultades. 

Si un niño a los 7 años juega a planchar la ropa a sus muñecos, pronto podrá cuidar de la suya propia sin apenas sensación de que se trata de una tarea pesada. Por eso, es importante que los niños participen en casa desde la primera infancia, para que poco a poco aprendan a realizar actividades más complejas. Si más no, la colaboración del niño en el hogar permite una buena adaptación al entorno y una buena organización tanto física, como mental y emocional. 

Cuando salta a la pata coja, cuando se mete en una caja y la convierte en su casa, cuando con un trozo de ropa se crea su propio disfraz, el niño está jugando. El juego es una actividad que ayuda a dar respuesta a los deseos, ilusiones y necesidades. Es una representación de su vida interna y externa. 
Los padres, educadores y profesores, utilizan el juego como herramienta para guiar, enseñar y ayudar a superar las diferentes situaciones con las que se va a encontrar el niño o la niña en su proceso de crecimiento. 

Recoger sus juguetes acompañados de una canción, ayudar a poner los platos en la mesa mientras su hermano pone los vasos, colaborar con el cuidado de la mascota de la casa dejarán de ser juegos para pasar a ser tareas y deberes. 

Es necesario enseñar, aunque de manera paulatina, que no todo es un juego, ni que siempre se está jugando. Saber cuando termina el juego y cuando empieza el momento de cumplir con una obligación (ponerse a dormir, hacer los deberes,...) 
El paso del juego al trabajo requiere exigencias y expectativas claras por parte del adulto. El niño debe saber lo que se le pide y lo que se espera de él, siempre de acuerdo con su nivel de desarrollo y con sus experiencias. 
Los padres en el ámbito del hogar, los maestros en la escuela y los educadores sociales en sus ámbitos de intervención (escuela, comunidad, entorno social) van a ser los transmisores de las normas sociales. 
Si los padres viven su trabajo como molesto y fastidioso, será difícil que puedan transmitir valores positivos a sus hijos sobre las obligaciones. El aprendizaje escolar será menos costoso si los profesores pueden contagiar a los niños las ganas de aprender, el placer de saber y de realizar las tareas solicitadas. Y, los educadores sociales deberán transmitir valores positivos.  
Es importante que padres, maestros y educadores sociales afronten sus deberes con paciencia, firmeza y agrado, ya que los niños copiarán esas actitudes. 

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