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Gestión del miedo



El miedo es una emoción que aparece con el propósito de preservar el desarrollo infantil, es necesario para la supervivencia. 
Los miedos infantiles pueden ser interpretados como una manera de reaccionar ante lo nuevo y lo desconocido por lo que tienen una función de adaptación, que permite tomar algunas precauciones frente a la realidad.. Por ejemplo, procuran que el niño no se vaya con un desconocido, que tema animales peligrosos o la prudencia de no alejarse o ir por lugares oscuros. 

Los miedos son evolutivos y normales a cierta edad. Por ejemplo, para los más pequeños, el conocimiento del mundo está acompañado por el miedo a alejarse de los padres y de las cosas conocidas. Y, a medida que crece y madura, el objeto del miedo también cambiará o desaparecerá. 

¿Qué miedos puede desarrollar un niño?  

Miedo a la separación: Cuando el bebé pierde de vista a la madre o al padre, tiene miedo de no verles más. Jugar a esconderse y reaparecer inmediatamente es una técnica que utilizamos para gestionar esa emoción. Y, al empezar el colegio, tienen miedo de separarse de sus padres porque quieren estar con ellos; dejarles algún objeto de los padres durante el proceso de adaptación a la guardería les da mayor seguridad. 

Miedo a la oscuridad: La oscuridad aleja y no permite ver las cosas familiares. Las fantasías ganan terreno a la realidad y las angustias toman forma de fantasmas, monstruos... Facilitar una luz suave que le permita ver su alrededor, atenúa ese miedo. 

Durante el sueño se pueden presentar dos tipos de reacciones:

Las pesadillas son un indicador de ansiedad. Cuando se acompañan con síntomas de gritos y desesperación se recomienda acudir y dar soporte emocional. 

Los terrores nocturnos son mucho más escasos que las pesadillas. Se caracterizan por el llanto y los gritos. Cuando se acerca al niño, éste no está despierto ni dormido, sino como sumido en un delirio. 

Es necesario consultar con un especialista cuando estos miedos son excesivamente persistentes con la edad (por ejemplo, si a los cinco años todavía tiene miedo a los desconocidos). Y si el miedo es tan fuerte que perturba la vida cotidiana del niño. 

Cuando el niño sufre repetidas pesadillas o se resiste frecuentemente a ir a la cama, conviene consultar con el especialista para averiguar las posibles causas. 

Origen de los miedos

Un origen de los miedos podría venir determinado por el patrón familiar. Es decir, a padres miedosos, hijos con miedos.
 
Otro mecanismo para adquirir miedos es la información negativa, por ejemplo, decir al niño que si no se porta bien, vendrá el hombre del saco. Todos sabemos que el hombre del saco no existe, pero hay madres y padres que lo utilizan para generar el miedo y la ansiedad que bloqueen sus actos. 

Las experiencias vividas de forma negativa, pueden generar miedos. Un accidente de tráfico, una pneumonía importante que le ha impedido respirar, sensación de ahogo en la piscina,... presenciar malos tratos, peleas y situaciones que provoquen impactos emocionales. 

También se desaconseja, que si no tiene la edad suficiente para separar la realidad de la ficción, permitir que vean películas de terror o con contenido violento. 

Recuerda que si bien el miedo constituye en muchas ocasiones una angustia inútil, en otras forma parte del desarrollo moral y del aprendizaje, ya que alerta ante algo que no está bien o ante un peligro físico. 



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