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Valora los esfuerzos de tu hijo


Gracias a los momentos de convivencia familiar, los padres podemos permitirnos enseñar a nuestros hijos a diferenciar y a conocer las normas, los límites, etc. Pero no es suficiente establecer normas básicas de convivencia, sino que también debemos explicar porqué existen éstas normas, y de qué manera debemos cumplirlas.
Muchas veces los niños se saltan las normas, ponen a prueba la paciencia de los padres, se equivocan, cometen errores y llegan a desarrollar conductas que a nivel social se consideran poco, o nada, apropiadas. 
Es importante analizar qué es lo que pasa para que el niño tenga comportamientos inesperados, y si tienen que ver con el tipo de estructura familiar (lo que para algunas familias está permitido, para otras puede ser inaceptable).  
 

En el momento en que la conducta del niño entra en conflicto con las expectativas que sus padres, la escuela, o el entorno social esperan de él, debemos detenernos a pensar qué está sucediendo en el proceso de desarrollo del niño. 
La mejor recomendación es: 



Si lo conseguimos, le estaremos estimulando a superarse y controlarse más. Por lo que se obtienen mejores resultados de desarrollo conductual que utilizando las críticas, el castigo o las reprimendas. 
El niño que siente que le quieren desea agradar a los padres. Sentir que cubre las expectativas de los adultos le hace sentir satisfecho de sí mismo, le motiva a continuar el camino hacia la autodisciplina y el autodominio, y a ser más responsable porque sabe que sus acciones y reflexiones no serán criticados de entrada, sino que aunque se equivoque en su camino, siente que no está solo, que podrá rectificar y reflexionar. 
Muchas veces se oye "eres un desastre, no haces nada bien..." Aquí se confunde una parte con el todo. Porque se equivoque una vez, no implica que todo lo haga mal. Se le debe dar la oportunidad de pensar que él no es un desastre, aunque en un momento dado haya provocado un estropicio y que tiene la posibilidad de rectificar y hacerlo bien a la siguiente ocasión, en lugar de quedar estigmatizado para siempre. 
Pensar antes de actuar ante los comportamientos poco apropiados de los hijos permite contener los sentimientos de ira, rabia o decepción de los padres y evitar actuaciones precipitadas o agresivas, que pueden generar culpa o resentimiento. 
El niño necesita sentirse querido a pesar de sus errores. Este cariño y la aceptación de sus equivocaciones seguramente le permitirán reaccionar y corregir su conducta y no creerse que es un desastre. Por otra parte, a ser padres no se enseña, sino que se aprende día a día precisamente de la práctica, de los aciertos y de los errores. 
Para el desarrollo del niño es tan importante elogiarlo cuando lo hace bien como corregirlo cuando hace algo mal o por debajo de sus posibilidades; continuamente necesita referencias de cómo realiza las cosas y del efecto que produce en los mayores. 
 Los comentarios de los padres en la infancia arruinan la vida. La persona crece con la sensación de que nunca fue lo suficientemente buena para sus padres.
Si has triunfado: era lo que se suponía que hicieras. 
Si has fracasado: recibes tu dosis de humillación.