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No quiere ir a la guardería


La guardería suele representar la primera vez que el niño sale del entorno familiar, y no debe olvidarse que con ello intentamos formar un adulto que sepa proyectar su vida fuera del hogar. Es la primera vez que abre la puerta de su futuro y bien vale la pena que lo que encuentre sea agradable. 
Puede considerarse normal que la incorporación a la guardería se viva con cierta tensión los primeros 10 - 15 días, pero el niño que se siente seguro y confiado, que disfruta de la experiencia de cada día, supera muy pronto ésta incertidumbre y se muestra abierto y comunicativo con los compañero y los educadores. 

Los signos más frecuentes de un posible desajuste son: 

1. Aparición de dificultad de control de esfínteres (diurno) y que se prolongue más allá de un mes. 
2. Negarse a ir a la guardería con llantos diarios y aspecto de estar pasándolo mal. 
3. Pérdida de apetito, tanto en casa como en la guardería. 
4. Falta de relación con sus compañeros y los educadores tras dos meses de conocerlos. 
5. Sueño alterado con gritos y pesadillas y que, pasado un mes, no remitan sino que aumenten. 

Y todo ello, ¿Qué querrá decir? Posiblemente:

1. Estamos ante un niño muy sensible, al que debemos esforzarnos en atender, aceptar y proporcionar terreno adecuado para la comunicación. 
2. Se trata de un niño que no está preparado para ésta experiencia de separación. 
3. O bien, nos hallamos un caso en que no congenian niño y educador. 

Para prevenir este tipo de situación, deberíamos evitar que el ingreso en la guardería coincidiera con: 

Cambios tales como la supresión del chupete o de los pañales, mudanza de casa, cambios de dormitorio...
El embarazo de la madre, y menos todavía con el nacimiento de otro hijo. 

¿ Cómo transmitir tranquilidad y seguridad ante la guardería? 


1. Vuelve a recogerle puntualmente, no dejes que empiece a buscarte. 
2. No tardes en recogerlo. 
3. No hables de las cosas interesantes que han pasado cuando él no estaba (he ido a la tienda de chuches, al parque,..) 
4. Intenta no tomar en serio las lágrimas de separación. 
5. Despídete siempre de tu hijo, aunque llore; si no lo haces, puede asustarse ante tu desaparición y angustiarse aún más. 


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