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¿Qué quieres conseguir con el juego?



Una de las capacidades más importantes de las personas es que podemos fijarnos objetivos y enfocar nuestros juegos y dinámicas para conseguirlos.

Si no te los planteas o no te has parado a pensar en tus objetivos, quiero mostrarte su importancia y la manera en que te pueden ayudar en tu día a día y para el desarrollo de todo aquello que quieras organizar en tu vida.
Lo bueno de ponerte objetivos es que ves un poco más claro hacía dónde quieres ir, lo que quieres lograr y el camino que tienes que seguir para conseguirlo. Ahora bien, nos va a tocar reflexionar, analizar y saber hacer un seguimiento del proceso.
Por ejemplo, si tu objetivo es ir a la Universidad, primero tendrás que hacer bachillerato, aprobar todo, esforzarte para sacar la nota de corte que se necesita y tener dinero para pagar la matrícula. Eso conlleva conocer tu ritmo de trabajo, saber establecer prioridades y no perder de vista el camino que necesitas recorrer para conseguirlo.
Cuando nuestro estado de ánimo es positivo, aparece el buen humor, la sangre fluye mejor, el estrés se reduce y nuestro sistema cardíaco mejora. Es un momento en el que piensas que si das lo mejor de ti, es muy probable que te vayan bien las cosas, y es en este momento en el que nos planteamos objetivos que estamos dispuestos lograr.
Lamentablemente, y en ocasiones, parece que por mucho que nos esforcemos para conseguir lo que queremos, no lo logramos alcanzar de manera efectiva. Y eso es debido a la forma en que priorizamos, al momento que elegimos para hacer las cosas y que cada uno tiene su propio ritmo.
Observando y reflexionando sobre nuestras propias reacciones cuando intentamos conseguir algo, los resultados de esos intentos, nuestras frustraciones generadas, valorar qué podríamos haber hecho para mejorarlo, nos ayudará a encaminarnos.

Si tus objetivos son pedagógicos...

Si como adultos nos cuesta establecer nuestros propios objetivos, porque cambiamos nuestras prioridades cada dos por tres, imaginad cómo vamos a enseñar a nuestros propios hijos a que se establezcan sus propias metas en la vida.

Es importante que, todo lo que hagamos los educadores, padres y madres, esté orientado a conseguir uno o varios objetivos. El problema es que estamos tan ocupados la mayor parte del tiempo, que reflexionar sobre lo que hacemos o lo que queremos conseguir, no está dentro de nuestra agenda diaria, no es una prioridad.

¿ Acciones impulsivas o premeditadas ?

Ir sin objetivos y sin propósitos hace que surjan actitudes y comportamientos, por parte de las personas, que nos pueden generan sorpresa o indignación. Incluso pensar que estamos fracasando en la vida.

Te mostraré un par de ejemplos:

1. Tu hijo te explica que quiere pegar a otro niño porque le cae mal. Cuando no tienes objetivos educativos, te dejas llevar por lo más fácil : regañar a tu hijo y castigarle, o decirle que sea él quién pegue más fuerte.

Un objetivo educativo en este caso sería: Fomentar que mi hijo no sea agresivo y pida ayuda antes de pegar.
Siendo consciente de los objetivos educativos que te planteas hacia tus hijos, te ayudará a desarrollar un plan de mejora, ya sea de conducta, de relaciones sociales, de comunicación en casa, ...

2. Tu hija adolescente te engaña al explicarte dónde ha ido o de dónde viene.
En éste caso, si el adulto responsable no tiene objetivos para la educación de su hija, actuará por impulsos utilizando un castigo (muchas veces desproporcionado y poco coherente).
Sin embargo, si tiene un objetivo concreto basado en el respeto, la confianza y la comunicación, su forma de actuar será más coherente y acertada.
Y es que, el castigo, aunque parece la manera más sencilla, rápida y útil, su uso durante mucho tiempo, llegará a no ser efectivo. Es más, tu hijo aprenderá a no contarte las cosas y a escabullirse cada día con más habilidad e ingenio.

Los adolescentes que consiguen hacer planes sin el permiso de sus padres, lo hacen de forma premeditada, es decir, saben perfectamente lo que quieren conseguir y lo que tienen que hacer para conseguirlo. Y ésta habilidad tiene que ver con su inteligencia emocional, con la capacidad de controlar sus impulsos y la propia tolerancia a la frustración.

¿ De qué me sirven los juegos ?

Sobre el juego se ha escrito mucho y desde diferentes puntos de vista, todos ellos buscando darle una explicación a una de las características intrínsecas del comportamiento humano.
Las personas juegan y han jugado siempre; el juego entendido como un factor de desarrollo humano, no es un fenómeno aislado ni exclusivo de la infancia.

El juego empieza con la vida y ante todo es movimiento. A través del movimiento, a la vez que los músculos trabajan, los niños desarrollan la inteligencia; según Piaget, partiendo del proceso de asimilación y acomodación; de asimilar aquello que recibe del exterior y lo hace suyo, adaptándose al mundo exterior. El niño encuentra en el juego un excelente vehículo para llevar a cabo este proceso de conocimiento de la realidad. De, entre muchas actividades que realizan los niños, el juego ocupa el lugar más importante, tanto es así, que en ciertas edades prácticamente todo lo que hace el niño es jugar.

El juego es uno de los mejores instrumentos que tenemos para educar todas las dimensiones de la persona.

Tipos de objetivos pedagógicos para el juego

Ahora ya tenemos claro que los objetivos son los comportamientos deseables y básicos que queremos conseguir y que se deben manifestar en las diferentes áreas de la personalidad.

Utilízalos de guía para tus acciones ya que evitarás el riesgo de convertir el proceso de consecución en una suma de actividades y aprendizajes sin conexiones entre ellos.

Tus objetivos te van a permitir entender el significado, la causa y la consecuencia de tus acciones.

  • Adquirir hábitos de comportamiento social (comunicarse sin ofender, mantener la convivencia durante el tiempo de juego,...)
  • Desarrollar actitudes de respeto y afecto con los compañeros, educadores, ...
  • Desarrollar una actitud positiva de interés por las relaciones sociales, superar las manías y los prejuicios respecto al entorno y a otras personas.
  • Adquirir cultura : identificar diferentes formas de pensar y de relacionarse,
  • Adquirir hábitos de higiene personal y colectiva unidos al juego grupal (lavarse las manos, ducharse,..)
  • Acostumbrarse a tolerar a otras personas y las normas de los juegos.
  • Desarrollar el autocontrol y la capacidad de controlar la frustración

Muchos otros objetivos nos podríamos plantear cada vez que queramos organizar un juego, lo importante es saber lo que uno pretende y después puedes buscar en "el Baúl de los juegos" lo que mejor te encaje.

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